Aprender a catar: formar criterio donde nace el cacao

Productores y participantes de una cata de cacao en una comunidad cacaotera

El trabajo de un productor no termina cuando el cacao está fermentado y seco. En cada grano queda parte de lo que ocurrió durante la cosecha y la postcosecha: las decisiones tomadas, el cuidado del proceso y las condiciones en las que se trabajó. Aprender a catar permite reconocer cómo se expresa ese trabajo en el sabor.

Cuando un productor prueba su cacao y comprende lo que percibe, cuenta con una herramienta para evaluar sus resultados. Puede comparar lotes, hacerse preguntas y relacionar lo que encuentra en la taza con lo que sucede en la fermentación, el secado y el almacenamiento. Así empieza a construir un criterio propio para mejorar.

Catar para comprender el trabajo

Muchas veces, la evaluación del cacao queda en manos de compradores, técnicos o fabricantes de chocolate. El productor recibe una opinión sobre su calidad, pero no siempre tiene la oportunidad de comprender cómo se llegó a esa conclusión.

La formación sensorial ayuda a acercar esa información al campo. No se trata solamente de decir si un cacao es bueno o malo, ni de aprender a nombrar aromas. Se trata de entender qué características presenta, cuáles son deseables y cuáles necesitan atención.

Una acidez muy marcada, una sensación astringente o un olor extraño pueden abrir una conversación sobre el proceso. La cata, acompañada de los registros de cada lote, permite investigar qué pudo haber ocurrido y qué conviene revisar. Una sola sensación no explica por sí misma todo el proceso, pero sí puede dar pistas importantes.

El aprendizaje cobra sentido cuando el productor puede decir: «Este lote se siente diferente al anterior. ¿Qué hicimos distinto?».

Formar criterio en el campo

En Semilla Escuela creemos que capacitar significa ayudar a las personas a observar, comparar y tomar decisiones con mayor autonomía.

Una receta de fermentación puede servir como punto de partida, pero las condiciones cambian. Varían el clima, el volumen de cacao, la materia prima y las posibilidades de cada centro de acopio. Por eso es tan importante comprender el proceso y aprender a evaluar sus resultados.

Formar criterio requiere práctica, conversaciones y oportunidades para volver a probar. También requiere reconocer el conocimiento que los productores ya tienen. Su experiencia con la cosecha, el comportamiento de la masa y los cambios durante el secado es una base valiosa sobre la que construir.

Cuando esa experiencia se une al aprendizaje sensorial, las decisiones de postcosecha pueden estar mejor fundamentadas. Eso contribuye a mejorar el cacao y ofrece una mejor materia prima para elaborar chocolate.

Un lenguaje que acerque el conocimiento

Para enseñar a catar, necesitamos hablar un lenguaje que tenga sentido para quienes están aprendiendo.

No ayuda pedirle a una persona que identifique una fruta que nunca ha probado. Es mucho más útil partir de los aromas, sabores y sensaciones de su entorno: frutas locales, semillas, especias, alimentos y preparaciones que conoce.

Adaptar el lenguaje no significa perder rigor. Significa construir referencias compartidas para que todos puedan reconocer una sensación y conversar sobre ella.

Podemos explicar la astringencia como esa sensación que deja la boca seca o áspera, y después relacionarla con el término técnico. Primero comprendemos la experiencia; luego le ponemos nombre.

Una formación cercana permite preguntar sin vergüenza, expresar lo que se percibe y ganar confianza. Esa confianza es necesaria para desarrollar criterio.

Del productor al chocolatero

Para Semilla Escuela también es importante formar a productores como chocolateros profesionales. Conocer la elaboración del chocolate amplía la manera de mirar el cacao y permite comprender el destino del trabajo realizado en la finca y en la cooperativa.

Al transformar sus propios granos, el productor descubre cómo se expresan sus características en el producto final. Puede observar qué sucede durante el tostado, cómo evoluciona el sabor en la elaboración y qué cualidades o dificultades encuentra quien trabaja con esa materia prima.

Esa experiencia cambia las preguntas que lleva de vuelta a su comunidad. Ya no evalúa el cacao únicamente como un grano que debe fermentar, secar y entregar: también lo comprende como el origen de un alimento que alguien va a disfrutar.

Aunque no todos decidan dedicarse a fabricar chocolate, ese conocimiento puede enriquecer su trabajo en la cooperativa, fortalecer el diálogo con los compradores y ayudarles a reconocer el valor de lo que producen.

Mejor cacao, desde el conocimiento

Un buen chocolate necesita un buen cacao, y mejorar el cacao requiere que quienes lo producen tengan acceso a herramientas para comprenderlo.

Por eso llevamos la formación sensorial al campo y conectamos la postcosecha con la elaboración del chocolate. Queremos que los productores puedan evaluar su trabajo, explicar sus decisiones y participar con mayor conocimiento en las conversaciones sobre calidad.

Porque cuando el conocimiento crece en el origen, también crecen las posibilidades de hacer mejor cacao y mejor chocolate.

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